Colores litúrgicos de la Iglesia católica

En la tradición latina de la Iglesia católica, cada color litúrgico expresa un aspecto del misterio celebrado y se asigna a determinados tiempos o solemnidades. La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) especifica los colores y sus usos, y otras fuentes de magisterio explican su sentido simbólico y origen.

Blanco: Tiempo de Navidad y Pascua, solemnidades del Señor (excepto su Pasión), fiestas de la Virgen María, santos que no son mártires. Simboliza luz, alegría y pureza. La Encíclica IGMR lo prescribe para celebraciones de Cristo resucitado; la Enciclopedia católica recuerda que era el color de los recién bautizados y representa la gloria celestial. En España y las antiguas posesiones hispánicas se permite usar azul claro en la fiesta de la Inmaculada Concepción por un privilegio concedido a esa nación.

Verde: Se utiliza en el Tiempo Ordinario durante la mayor parte del año. Verde evoca la esperanza, la vida y la renovación; al haber terminado los tiempos de fiesta o penitencia, el verde recuerda la perseverancia y la labor cotidiana.

Rojo: Domingo de Ramos, Viernes Santo, Domingo de Pentecostés; fiestas de la Pasión del Señor, de apóstoles, evangelistas y mártires. Significa sangre y fuego. El Manual de liturgia señala que simboliza la sangre derramada por Cristo y por los mártires y el fuego del Espíritu Santo; por ello se usa en Pentecostés y en las fiestas de mártires.

Morado (violeta): Tiempos de Adviento y de Cuaresma, misas de difuntos y penitenciales. Representa austeridad y penitencia. El manual Liturgia papal indica que es mezcla de rojo (amor) y azul (inmortalidad), por lo que expresa la unión de lo humano y lo divino. Se usa para prepararse espiritualmente y para los funerales.

Negro: Opcional para misas de difuntos o la conmemoración de los fieles difuntos. Tradicionalmente simboliza duelo. La página Ornamentos negros comenta que el negro con bordados dorados o plateados recuerda el dolor iluminado por la esperanza de la resurrección.

Rosa: Opcional el III domingo de Adviento (Gaudete) y el IV domingo de Cuaresma (Laetare). Estos domingos interrumpen brevemente el carácter penitencial; el color rosa, derivado del morado, evoca alegría al acercarse la Navidad o la Pascua. Las antífonas Gaudete (“alégrate”) y Laetare (“regocíjate”) dan nombre a esas celebraciones.

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